En este intento de ejemplificar cómo atraer, seducir, enamorar a nuestros jóvenes estudiantes para que lean y se interesen por la literatura, será siempre clave no solo detenerse a reflexionar en el qué estudiar sino, sobre todo, en el cómo hacerlo y en por qué hacerlo. En tal sentido, por ejemplo, pudiéramos preguntarnos: ¿Cómo leer hoy una obra como Espejo de Paciencia? ¿Por qué y para qué debe leerla un adolescente o joven cubano actual? Tal indagación nos debe llevar a razonamientos como estos:
Espejo de Paciencia se puede leer desde la tradición heroica occidental de los siglos XVl y XVII, o sea, desde su naturaleza épica, pues se trata de un poema épico-heroico escrito o compuesto en octavas reales a la usanza de la época, de asunto rigurosamente histórico basado en sucesos ocurridos cuatro años antes, consistentes en el secuestro del Obispo Juan de las Cabezas Altamirano por el corsario francés Gilberto Girón, y de su rescate por unos vecinos; la lucha entablada por la milicia insular de Gregorio Ramos y los hombres del corsario francés; la muerte de este a manos del negro Salvador Golomón y la celebración de la victoria con un Motete cantado en la iglesia.
El poema escrito en 1608, en la villa de Puerto Príncipe, hoy llamada Camagüey, refleja un período histórico de la vida cubana caracterizado por el temor a los asaltos de corsarios y piratas y por el comercio clandestino de “rescate” y “contrabando”, reflejándose así parte importante de la vida cubana de esta época. En él ya está en germen la futura cubanía.
Desde estas perspectivas comprobamos que siguiendo la tradición occidental de los cantos épico-heroicos la obra está compuesta por un prólogo “Al Lector”, le sigue una “Carta-Dedicatoria” del autor al Obispo Altamirano, firmada en Puerto Príncipe el 30 de julio de 1608, seis sonetos laudatorios y finalmente la obra en cuestión, la que se divide en dos partes y el final con un motete que según se dice en la última octava fue cantado en la iglesia de Bayamo por el Sacristán Blas López para celebrar el triunfo sobre los piratas y la muerte de Gilberto Girón.
Pero Espejo de Paciencia también puede ser leído desde unas posiciones de carácter etnográfico para ver cómo se refleja y se recrea en esta obra la composición étnica de la Isla, pues muy bien se percibe y delimitan en esta obra personajes que representan a los colonizadores españoles, a los criollos blancos y negros que ya sentían cierto orgullo por haber nacido en la Isla, por ser algo diferente a los españoles venidos de Occidente, los indios, todos llamados “insulanos”.
Asimismo, puede ser leído desde este componente cultural identitario que subyace en lo étnico por la presencia, además, de costumbres y elementos de la flora y la fauna cubanas, propiamente típicas, distintivas y diferenciadoras de las de la Metrópolis, puesto que aquí comienza con ello el tema de las frutas y de los animales de nuestra tierra, que será luego tratado por la literatura cubana nativista o siboneísta en la que rasgos románticos y realistas se integran con armonía.
Como bien plantea Cintio Vitier: “El valor poético absoluto del Espejo resulta escaso. Para nosotros, sin embargo, está penetrado de una luz matinal de playa y de un aroma de frutos cubanos que nos hacen encantadores hasta sus desaliños verbales; desaliño que le quitan el empaque solemne y monótono del género, movida su palabra por un airecillo libre, modesto, secretamente insular en su misma ausencia de pretensiones y en su abierta fragancia”.
En opinión del Dr. Eduardo Torres Cuevas, el poema Espejo de Paciencia puede leerse también como una recreación estética de una mentira y, a la vez, como la creación de un mito.
Puede ser leído como recreación estética de una mentira, pues la obra pretende esconder el contexto de contrabando en el que suceden los hechos narrados; y, como creación de un mito, porque intencionalmente realza la heroicidad del criollo bayamés.
Asimismo, pudiera ser leído desde unas perspectivas contraculturales, o sea, desde una lectura periférica y decolonial; es decir, no occidentalista, no desde el centro, de la Metrópolis, sino desde Cuba. Desde esta lectura periférica, decolonial, pueden apreciarse mejor la oposición entre: Centro vs. periferia; Metrópolis vs. Colonia; España vs. Cuba; Viejo Mundo vs. Nuevo Mundo; Occidente vs. Caribe; Continental vs. Isleño; Blanco vs. Negro/Indio
Desde estas perspectivas y lectura contracultural, contrahegemónica, podemos considerar al Espejo de paciencia como una obra que refleja una sociedad inestable, en proceso de formación, en tanto también lo es de visiones dualistas encontradas en las que late la oposición Metrópolis vs. Colonia; Vida vs. Muerte; Libre vs. Esclavo; Blanco vs. Indio/Negro.
Todo lo cual nos lleva también a una lectura de fuerte perspectiva ideológica en o desde la cual es perfectible asumir una:
a. Visión étnica, pues la obra refleja la conformación étnica y racial de la sociedad insular cubana, conformada por blancos europeos (españoles) indios y negros, criollos blancos y negros, todo lo cual habla del mestizaje que se produce en estas tierras del nuevo continente, que hacen de ellas un gran ajiaco para decirlo a la manera de don Fernando Ortiz. Asimismo, con esta obra se refleja ya el proceso de conformación de los rasgos identitarios que conformarán la cubanidad.
b. Una visión criollista que permite observar desde la perspectiva contracultural y contrahegemónica un movimiento, un desplazamiento que va del centro a la periferia; del Mediterráneo al Atlántico; de Europa/España a América/Cuba; de lo continental a lo isleño; de La Habana a Puerto Príncipe (hoy Camagüey), todo lo cual supone unas inclinaciones, una mirada antimetropolitana, contracultural y contrahegemónica, y por tanto, periférica.
Esta perspectiva periférica, insular, contrahegemónica puede ser rastreada y sustentada porque:
– el escritor, el autor, se ufana de su cultura insular, pues él mismo es de origen isleño: canario, y se siente emocionalmente identificado con esta otra isla que lo acoge: Cuba;
– tiene nexos familiares con uno de los caciques indios de la isla; hecho este que suponemos intensifica sus inclinaciones antimetropolitanas y periféricas. Tal vez esta es la razón por la cual declara su insularismo en la página titular y por la que coloca el soneto de un nativo cubano –Pedro Torres Sifones– en primer lugar entre los seis soneto laudatorios; soneto este en el que el poeta se enorgullece de su arte criollista;
– subvierte elementos del hecho épico: en lugar de contar las hazañas de la conquista o los hechos heroicos de los españoles, Balboa evoca la figura inmóvil de un obispo por cuya libertad y rescate una legión de briosos habitantes locales se organizan para vencer al pirata francés, quien cae a manos de un heroico negro, con lo cual se descentra la dinámica tradicional de este tipoi de texto u obra;
– este carácter subversivo también puede verse en lo que suele considerarse un extravagante desacierto en el poema: la mezcla de elementos mitológicos grecolatinos con elementos de la flora y la fauna, con instrumentos y hasta ropas o vestimentas indígenas (“las amadríades en naguas”) y que en opinión del cubano Cintio Vitier es el punto más significativo y dinámico que vincula la obra con la historia de nuestra poesía.
Lo contracultural y subversivo puede leerse en clave barroca también, e incluso, en clave cósmica, vinculada a ese rasgo de guaso, de alegría propia del cubano que logra ver lo cómico hasta en los hechos más trágicos, quizás rasgo heredado de lo hispano que late constantemente en el obrar del hidalgo don Quijote de la Mancha.
Esta lectura subversiva, contracultural, contrahegemónica y decolonialista es la que hace actual el estudio de esta obra que se inscribe en la historia de naciones como la cubana, que se fueron configurando y fraguando desde lo eurocéntrico cristiano pero con un componente étnico o racial muy importante; así, por ejemplo, en la obra aparece el negro en la figura de Salvador Golomón, “etíope digno de alabanza”, quien vence y pone fin a la vida del pirata francés Gilberto Girón, secuestrador del Obispo. Con esta acción de increíble valentía, el negro logra su libertad. La virtud de este Salvador Golomón (y observemos cierto simbolismo en su nombre: Salvador) a los ojos de Silvestre de Balbo, autor del poema, es haber servido corajudamente a los amos blancos en una batalla por motivos comerciales, por un tráfico a través del comercio de contrabando o rescate del cual él no se beneficiaba y en el que solo era partícipe en su condición de esclavo. El negro así es visto a través de los ojos del blanco, en esta ocasión desde su función utilitaria.
Desde estas perspectivas de lectura que hemos asumido ratificamos la importancia de esta obra y lo particularmente interesante que pudiera ser una lectura desde estos referentes decoloniales, contrahegemónicos y contraculturales, pues hoy esta marginalización simbólica tiene como componente nuevo la influencia de la globalización colonizadora, neoliberal, que intenta anular identidades y culturas periféricas; de ahí, la importancia de hacer una lectura desde estas perspectivas que permiten el rescate de lo identitario, plenamente humano y cubano, y por encima de todo, emancipador.
La huella de esta obra en clave intertextual o interdiscursiva también pudiera leerse si buscamos su huella en obras como Concierto barroco de Alejo Carpentier o en la novela El enigma de los esterlines de Antonio Benítez Rojo. Con estas dos noveles (la de Carpentier y la de Benítez Rojo, Silvestre de Balboa y sus personajes pasan a formar parte de la ficción de la literatura cubano y no solamente de su elaboración.
La lectura de Espejo de Paciencia que hemos venido esbozando entronca con la que hace desde las páginas de El Caimán Barbudo Milho Montenegro[1] quien opta por «una mirada novedosa que permita traer al presente el legado de Balboa, con una perspectiva fresca y reveladora», de manera que se haga realidad aquellas palabras con las que a manera de exergo inicia su trabajo cuando deja constancia de que tal y cual lo ha sostenido Raydel Araoz: «la norma deja un rastro, a veces continuo, a veces discreto, que, junto al canon, conforma la producción literaria de una región, de una época. Una parte de ese rastro constituye un área de conflicto con la norma, un foco de tensión que pone en crisis los presupuestos normativos del canon y su tendencia al equilibrio.»
[1] Milho Montenegro. 2020. Matiz carcelario en Espejo de Paciencia, en (Dis)tensiones del paradigma. Ensayo. En: El Caimán Barbudo, Número 417, octubre-diciembre de 2020. ISSN 0513. Pp. 28-29.Disponible también en: http://www.facebook.com/caimanbarbudio y en: http://www.caimanbarbudo.cu