Literlingua Curiosa 5

SOBRE EL LENGUAJE Y LA PANDEMIA DE LA COVID-19

   La aparición del nuevo coronavirus, el SARS-COV-2 y la enfermedad que ha traído: la COVID-19, ha provocado no solo una crisis epidemiológica sino que ha expandido como nunca una crisis sistémica porque afecta a la economía, a la sociedad toda en su conjunto, a la psiquis de los seres humanos y terminará influyendo para bien o para mal en la geopolítica mundial. Todos los órdenes de nuestra vida están siendo afectados y se están transformando hábitos y costumbres en el diario vivir. Como bien dice Mafalda en un cartel de actualidad: «Antes, llegaba alguien enmascarado y te asustaba. Ahora te asusta si llega alguien sin máscara. ¡Cómo cambian los tiempos!»

   Afirma Lola Pons Rodríguez, catedrática de Lengua Española en la Universidad de Sevilla, España, que «La lengua es un árbol y su fruto la palabra»; y también sostiene que en no pocas ocasiones «seguimos sin percibir la profundidad intelectual de las raíces de ese árbol y las posibilidades infinitas de los frutos que nos ofrece».[1]

   Y en efecto, en estos complejos momentos que vivimos en el país -y en el mundo- por sufrir la pandemia de la COVID-19, ratifico que igual que sucede con los seres humanos que son ellos y sus circunstancias, ocurre con la lengua: es ella y sus circunstancias. Así, la COVID-19 ha disparado la creatividad lingüística dada la necesidad de nombrar ciertas realidades surgidas al calor de la pandemia. En tal sentido es muy común en Cuba escuchar a no pocos hablantes que comienzan a usar términos como covivivencia o covivencia, covidero, covidiario. Sin embargo, habrá que esperar para saber si todos los términos que surjan a causa de la pandemia permanecerán vivos o si, cuestión de moda, quedarán pronto en el olvido.

   A la sombra de este árbol frondoso que es la lengua, la lengua en general y la española en particular, de sus raíces y ramas, es bueno que con vistas al perfeccionamiento continuo de los procesos de formación de maestros y profesores, reflexionemos sobre el fruto más rico de este árbol que es la lengua: las palabras, que conforman su gran follaje.

   Un primer razonamiento viene del hecho de que   ya la Real Academia Español ha hecho suyos algunos términos que se han ido popularizando durante la epidemia tales como  coronavirus, coronavírico, cuarentenal, desconfinar, encuarentenar, entre otros.

   Coronavirus es voz que se escribe en una sola palabra y con inicial minúscula, como corresponde a un sustantivo común con el que se nombra al virus. Los coronavirus pertenecen a la familia Coronaviridae, y esta sí la escribimos con inicial mayúscula y en latín. Es palabra invariable en plural por lo cual decimos tanto “el coronavirus” como “los coronavirus”.

   Otra historia es la del término COVID-19. Y es que la Organización Mundial de la Salud ha propuesto la abreviación COVID-19 a partir de su nombre en inglés: COronaVIrus +Disease [enfermedad] + [(20)19]. Es pues un acrónimo en masculino que nombra la enfermedad causada por el SARS-COV-2; y lo de masculino le viene por influjo del género masculino del vocablo coronavirus y de otras enfermedades víricas como el zika o el ébola, por ejemplo, que toman por metonimia el nombre del virus que las causa.

   Al ser COVID-19 un acrónimo de reciente creación, todavía no lexicalizado, lo más indicado es que lo escribamos con mayúsculas sostenidas, es decir, en cada una de sus letras. No obstante, si con el tiempo llegara a convertirse en un sustantivo común para nombrar la enfermedad, entonces pasaría a escribirse con minúscula.

   ¿Qué nuevos vocablos han surgido al desatarse la creatividad lingüística estimulada por la pandemia?

   Pues uno primerísimo ha sido covivencia o covivivencia, sustantivo con el que se nombra y designa el nuevo vivir que la pandemia ha impuesto, con unos determinados ritmos y rituales que implican la desinfección constante de las manos y del calzado o el lavado constante de las manos con agua y jabón; el uso de la mascarilla, tapaboca o nasobuco, el distanciamiento social pues en las relaciones interpersonales debe guardarse una distancia de metro y medio o dos metros, básicamente.

   Y de la explicación anterior subrayamos la palabra nasobuco. La tendencia a nivel general en el mundo es llamar a esa pieza mascarilla, cubreboca o tapaboca; en Cuba le hemos llamado nasobuco. Palabra de gran creatividad en su proceso de formación, pues se compone a partir  del término latino naso, (nasus, nariz) y buco  (boca), mucho mejor en su sentido de cubrir o resguardar tanto la nariz como la boca, los dos lugares del rostro por donde el virus penetra en nuestro cuerpo para hacer sus estragos. Creo que solo se registra su uso en Cuba, pues por lo que sé y como ya lo he sostenido, en la mayoría de los países hispanohablantes se le llama mascarilla o tapaboca.

   Covidero, es un sustantivo que sirve para designar aquellos lugares en los que por el amontonamiento o aglomeración de personas que no respetan las nuevas normas de distanciamiento social se convierten en cardo de cultivo para la transmisión del virus y con él de la enfermedad. Es palabra derivada del acrónimo COVID al que se le añade el sufijo –ero.

   Covidiario es término sustantivo que surge para designar este nuevo diario vivir signado por la COVID-19. Hace referencias  a un proceso en el que los días se suceden monótonamente y en los que se borran las fronteras entre unos días y otros, entre unas horas y otras, entre unas costumbres y otras.

   Que la pandemia no contagie negativamente el lenguaje es tarea de todos nosotros, hablantes del español y, particularmente, de maestros y profesores, quienes día a día enfrentan esa noble tarea que es la educación lingüística de niños, adolescentes y jóvenes.

   ¿Qué vocablos de los creados al fragor de la pandemia sobrevivirán y se instaurarán en el habla cotidiana? No sabemos. Es muy temprano para aventurar una respuesta definitiva.

   Por lo pronto es muy cierto que la covivencia se ha tornado compleja dada las apremiantes necesidades que surgen en el covidiario vivir. Por eso, será imprescindible, por ahora, evitar los covideros, lugares tan propensos para el contagio casi masivo de las personas.


[1] Lola Pons Rodríguez. 2020. El árbol de la lengua. Arpa y Alfil Editores, S.L. Barcelona. P. 17.

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