LITERLINGUA CREATIVA 1[1]
Reescribiendo algunos textos de Pájaros perdidos (Sentimientos), de Rabindranath Tagores, por Juan Ramón Montaño Calcines[2]
En estos días aciagos por el rebrote de la pandemia y por las incentivadas, desde tantos y tantos lugares, protestas en Cuba, la lectura ha sido un remanso de paz, un ejercicio de reflexión y un soplo para ahuyentar tantos dolores. También un ejercicio crítico de reflexión y de resistencia. Todo eso a la vez es la lectura para este maestro, para este viejo profesor de Literatura que dentro de pocos días en este mes de agosto cumplirá ya sus 63 años de existencia frente a las aulas.
Particularmente la lectura crítica me ha sido muy necesaria en estos días para desmontar tanta falsa información, tanta falsa noticia, tanta mala intención desde la que se pretende perturbar la paz y la tranquilidad de un país pacífico por naturaleza como es esta Cuba nuestra; baste recordar que de todos los países colonizados por España, en Cuba no quedó vestigio alguno de la lidia de toros, y creo que fue por esa particular sensibilidad del cubano que no entendía cómo puede matarse así, públicamente y por puro placer, a ese noble animal que cae peleando dignamente en la arena del estadio víctima de las ansias de triunfo y empoderamiento del torero.
También me ha asistido en estos aciagos días la lectura como acto de resistencia. Y con ella y desde ella he vuelto a los escritos de ese exquisito escritor de la India: Rabindranath Tagores. A él he vuelto, a su relectura y reescritura para lograr en mí mismo una tan ansiada y necesaria resiliencia.
También he vuelto a releer la Encíclica Fratelli Tutti, del papa Francisco, para corroborar con él que ante tanto odio necesitamos que con urgencia renazca entre todos un deseo mundial de hermandad. Entre todos. Y ese sería un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Por eso, digo con él: «¡Qué importante es soñar juntos! Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos por igual, a cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, pero todos hermanos».[3]
Lo que hemos estado viviendo y desmontando nos debe enseñar que detrás de todo esto se mueven nuevas formas de colonización cultural e ideológica: las de una guerra mediática que no tiene precedentes en la historia. No lo dudemos. Y para que tanto odio triunfe el imperio necesita jóvenes que desdeñen su historia, que la desprecien, que rechacen la riqueza espiritual y humana que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, que ignoren todo cuanto nos ha precedido y nos conforma en lo que somos. Eso ha dicho el papa Francisco en su Encíclica Fratelli Tutti y eso corroboro yo en estos días de altas y bien fundadas preocupaciones.
Dice el Santo Padre:
(14) «(…) No nos olvidemos que los pueblos que enajenan su tradición, y por manía imitativa, violencia impositiva, imperdonable negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia ideológica, económica y política.»[4]
¡Cuánta verdad! ¡Y que haya personas que no quieran ver estas realidades! ¡Qué pena! ¡Qué dolor! Tengo que decir con el Pequeño Príncipe de Saint Exupery: «Veo humanos pero no veo humanidad».[5]
Desde estas perspectivas fui nuevamente al encuentro con un escritor poco divulgado entre muchos de nosotros: el poeta nacional de la India: Rabindranath Tagore. Y lo he vuelto a leer y de su relectura han nacido estas reescrituras mías que traducen el machihembramiento de inteligencia y corazón; de sentimiento y razón. Aquí van pues. Disfrútenlas si hay en ellas algún posible valor. Y tratemos de salir de ellas más buenos.
(Inspirado y reescribiendo el número 325): Sean estas mis primeras y últimas palabras: “Solo el amor engendra la maravilla”.
(Inspirado y reescribiendo el número 305): Eterno lector, busca en cada libro que leas las huellas o los indicios de tu propia vida.
(Inspirado y reescribiendo el número 294): Por mucho que corra la mentira, la verdad siempre la alcanza y la derrota.
(Inspirado y reescribiendo el número 273): Que se encienda siempre en mi corazón la estrella vespertina de la Patria; y que cada noche sea para mi pueblo, un remanso de paz.
(Inspirado y reescribiendo el número 268): Aprendí en las flores y en la luz del sol el sencillo latido de la vida.
(Inspirado y reescribiendo el número 258): Lo falso, esté respaldado por el poderío que sea, nunca triunfará ante la verdad.
(Inspirado y reescribiendo el número 248): Cuando en el hombre, digo mejor: en el ser humano, triunfa su lado animal, se torna entonces peor que el peor de los fieros animales.
(Inspirado y reescribiendo el número 244): Mi corazón tiene hoy dolor de Patria.
(Inspirado y reescribiendo el número 234): Aprendamos de la luna que derrama su blanquecina luz en derredor y hace que sus manchas sean solo suyas.
(Inspirado y reescribiendo el número 208): No turbes la paz y la seguridad de este pueblo mío y deja que el mar anochecido lo acaricie cuando la luna, coqueta e impúdica, sale a iluminarlo.
(Inspirado y reescribiendo el número 192): La risa sabrosa de mi gente llana de pueblo es siempre alegre música y fuente inspiradora de vida.
(Inspirado y reescribiendo el número 3): Para quien la sabe bien amar, Cuba es siempre fuente inagotable de vida y energía creativa.
(Inspirado y reescribiendo el número 10): Como la noche que crece calladamente entre los árboles, así también crecen mis penas y dolores agolpándose en mi corazón de padre y abuelo, y sobre todo, de cubano digno y pacífico.
(Inspirado y reescribiendo el número 13): ¿No escuchas, corazón mío, el dolor del mundo en esta hora difícil de mi Isla, Isla de islas, chispazo de tierra en medio del mar?
(Inspirado y reescribiendo el número 14): El misterio de la vida se esconde tras el corazón de cada generación: descifrarlo es nuestra obligación.
(Inspirado y reescribiendo el número 292): La verdad sobre Cuba levanta hoy y siempre tormentas contra ella que finalmente terminan siendo semillas germinadoras de vida y verdad.
(Inspirado y reescribiendo el número 270): Madre mía, ¡cuánta falta me sigues haciendo!
(Inspirado y reescribiendo el número 271): Todo el que viene a esta Isla mía con buenas intenciones, huésped bien recibido es en nuestra casa y se va de ella siendo amigo.
[1] Escrito por Juan Ramón Montaño Calcines
[2] Los textos escritos aquí están inspirados en reescrituras de Pájaros perdidos (Sentimientos), en Ofrenda lírica, de Rabindranath Tagores. Editorial Arte y Literatura. Colección Lira. La Habana, 2006.
[3] Papa Francisco. Encíclica Fratelli Tutti. Librería Editrice Vaticana. Texto tomado de: www.vaticana.va (sobre la fraternidad y la amistad).
[4] Papa Francisco. Encíclica Fratelli Tutti. Librería Editrice Vaticana. Texto tomado de: http://www.vaticana.va (sobre la fraternidad y la amistad).
[5] Antoine de Saint Exupéry. El pequeño Príncipe. Editorial Gente Nueva. La Habana. 1989.