LITERLINGUA DE LOS PORQUÉS[1]
“(…) cada palabra dice lo que dice y
además más y otra cosa…”
“La palabra que sana”, de Alejandra Pizarnik
¿POR QUÉ LEER EN PLENO SIGLO XXI LA OBRA TARTUFO DE MOLIÉRE?
En 1664 firma por primera vez Jean Baptiste Poquelin como Moliére, seudónimo que nunca explicó y sobre el que se ha especulado mucho. Suele relacionarse con las palabras “lierre”, o sea, yedra; y con “mont”, o sea, monte. También con el joven escritor Francois de Moliére, asesinado en 1623, y que dejó memoria entre los jóvenes de la generación de Jean Baptista Poquelín (Moliére). Sin embargo, pese a cualquiera de las especulaciones, lo más probable es que Jean Baptiste eligiere firmar con este seudónimo para preservar el apellido familiar, dada la mala fama asociada por entonces, a la profesión de los actores.
Estrenada en ese mismo año al que anteriormente nos hemos referido (1664), hace ya 357 años, la comedia Tartufo de Moliére se adapta perfectamente a muy diversas situaciones vigentes en esta segunda década del siglo XXI. En particular la hipocresía, la impostura campante y ramplona como cobertura perfecta para realizar todo tipo de acciones, desde las sexuales hasta las políticas y económicas, hacen de todo el texto y de su personaje central y protagónico una obra con plena vigencia, con plena actualidad.
Y es que tartufo es un personaje extemporal porque gente como él que encarna la hipocresía, la impostura, la mentira pululan en la vida diaria y caminan y pasean entre nosotros. Los podemos ver todos los días, hoy que se borran las fronteras entre la mentira y la verdad, entre las mil caras que se le pueden fabricar a un hecho, entre las diez mil máscaras con que se presentan las noticias en las redes sociales. Hoy proliferan los tartufos en cada uno de los que detentan el poder y quieren desde él manejar a su libre antojo a los demás. Si lo sabremos los cubanos que todos los días tropezamos con fake news (falsas noticias) sobre la vida en esta Isla de islas, como le gustaría decir a nuestro Premio Cervantes de Literatura, la cubanísima Dulce María Loynaz del Castillo.
No olvidemos que Tartufo, personaje que representa al perfecto hipócrita e impostor, ha pasado a ser parte del imaginario popular y es el apelativo común que usamos en no pocos lugares de este mundo para designar a personajes de esta calaña en los ámbitos de la política y en otros muchos campos caracterizados por ser seres inescrupulosos que no creen en nadie y engañan a todo el mundo para poder salirse con las suyas.
Asimismo, sabemos también que de igual manera en que es muy común la práctica de estos tartufos a lo largo de la historia de la humanidad, lo es también la de los servidores de los hipócritas tal y cual hace Orgón, quien no es mucho mejor que Tartufo puesto que al admirarle y creerle ciegamente, hace devoción de la falsedad y se torna un personaje estúpido y manipulable, que no se esfuerza en lo más mínimo por comprender lo que realmente sucede a su alrededor con su familia. Es en esencia conformista y ciego para ver la verdadera personalidad de Tartufo.
No se olvide que un 12 de mayo de 1664 se estrenó nada más y nada menos que ante el Rey Luis XIV de Francia esta obra de Moliére y que esa primera versión de la obra indignó a los devotos por su contenido. Estuvo prohibida durante cinco años ya que suponía un ataque fundamental a la religión. El Arzobispo de Paría llegó a amenazar con la excomunión a todo aquel que viese o escuchase la obra y no fue hasta el año 1669 que el rey autorizó finalmente su representación. Desde entonces y mientras vivió su autor la obra se representó año tras año con gran éxito.
Tartufo está más vigente hoy que nunca. Cualquier perverso, cualquier narcisista, cualquier hipócrita, farsante, impostor, puede triunfar, basta con habernos fijado en el triunfo de Donald Trump o de la impostura que llevó a los sucesos del domingo 11 de julio y que tras las fake news crearon una falsa imagen de caos en la sociedad cubana y pidieron la constitución de un corredor humanitario que no es otra cosa que una intervención armada, como también explícitamente la pidieron al gobierno de los Estados Unidos urdiéndose así complejos planes de manipulación con el nada noble propósito de perturbar la tranquilidad ciudadana de un país que presume de ella y aprovecharse de todo esto.
La educación recibida; la formación de tantos y tantos profesionales, científicos y especialistas en muy diversas esferas o ramas del saber se constituyen hoy en el deux ex machina de Cuba contra los tartufos que gestaron las supuestas protestas pacíficas del domingo 11 de julio.
[1] Escrito por el Dr. C. y Profesor Titular Juan Ramón Montaño Calcines para Literlingua: un desafío