LITERLINGUA DE LOS PORQUÉS 3

LITERLINGUA DE LOS PORQUÉS 3[1]

¿POR QUÉ LEER EN PLENO SIGLO XXI LA DIVINA COMEDIA DE DANTE ALIGHIERI?

   Corrían los años de la década del setenta del siglo pasado en Cuba cuando acabo de graduarme de la Licenciatura en Educación en la especialidad Español y Literatura e incorporado al trabajo como profesional de este sector, tuve que impartir el programa de Literatura Universal de 10mo grado, resultado del primer gran momento de lo que conocemos en nuestro país como Perfeccionamiento Continuo del Sistema Nacional de Educación.

   Por primera vez aparecían de manera separada, como asignaturas independientes, los estudios de lengua española y los de literatura. Estos últimos, a partir del nivel secundario, se independizaban totalmente al abordarse en 7mo grado, la Literatura Española; en 8vo., la Literatura Latinoamericana y Caribeña; en 9no. grado, la Literatura Cubana; y en el nivel Preuniversitario que comprendía los grados 10mo., 11mo. y 12mo., el estudio de la llamada quizás incorrectamente Literatura Universal.

   Como profesor de Literatura Universal en 10mo. grado,  tuve que enfrentar el estudio con mis estudiantes de la Divina Comedia de Dante Alighieri. Se estudiaba en aquel entonces solo una selección de textos pertenecientes al Infierno. Hoy he vuelto a ella pues próximamente, cuando arribemos al 14 de septiembre de 2021 se cumplirán 700 años de la muerte de Dante; ocasión esta válida para que me pregunte una y otra vez: ¿Por qué es importante que los jóvenes de hoy lean esta obra: todo un clásico de la literatura mundial de todos los tiempos? ¿Qué puede enseñarnos a nosotros, cubanos de hoy, la lectura de esta magna obra?

   Y con estas interrogantes puestas sobre la mesa de clase, vuelvo a leer aquellos versos iniciales en los que se dice que: «En medio del camino de la vida, / Errante me encontré por una selva oscura, / donde la recta vía era perdida«. Y ratifico a partir del nivel simbólico de toda lectura literaria desde la perspectiva semiótica y crítica que asumo, que esa “selva oscura” y esa sensación de “estar extraviado” en ella, entronca con los más de 16 meses que llevamos de vida oscura por las incertidumbres que nos causa esta pandemia del SarsCov2, que ha llegado para trastocar nuestras vidas: cambiando nuestras prioridades, alterando nuestras interacciones sociales y reconfigurando el agónico vivir día a día.

   Cuando dentro de muy poco, un 14 de septiembre de 2021, se arribe a los 700 años transcurridos desde la muerte de Dante Alighieri, esa sensación de extravío en una selva oscura cobrará nueva vida y presencia por el estado de vulnerabilidad y desconcierto en el que nos deja la pandemia de la Covid 19.

   Sin embargo, necesitamos tener una visión positiva y no totalmente pesimista, cosa difícil, dada las circunstancias, pero no imposible. Debemos leer de nuevo esta magna obra desde unas perspectivas proactivas, movilizando todas nuestras energías positivas; y hacerlo pensando en que Dante nos exhorta a que seamos valientes y razonables, conscientes de la importancia que siempre tiene la lucha por la vida y no por el odio y la muerte; responsabilizándonos y cultivando como idea, el que las cosas pueden mejorar si nos lo proponemos en serio. Sabemos, como es lógico, pues así  nos lo demuestra el diario vivir, que esta no será tarea fácil, que el mundo que se abrirá ante nosotros a partir de esta pandemia tal vez, lo más probable, no será el que idealmente todos hubiéramos querido, pero que para que renazca en la tierra un nuevo corazón y para que podamos salir adelante, será necesario vivir y sufrir dignamente este momento, lo cual implica explorar esos lugares oscuros de manera tal que podamos despejar las posibles incógnitas que han provocado lo que hoy vivimos.

   En esa lucha por la vida ante este virus filtrable, sin rostro y con presencia subrepticia al doblar cualquier esquina; en esa lucha contra este virus que se transforma constantemente triplicando con cada mutación sus posibilidades de contagio, hemos visto fracasar a la Tierra que ha enfermado y ha dado positivo; hemos visto impedidas de realización nuestras más sencillas libertades individuales: las de morir dignamente, acompañados por nuestros seres queridos; o las de poder abrazar a cualquier persona a la que le profesamos cariño y estima verdaderos; o el de poder reunirnos con familiares y amigos para compartir unas horas, porque somos seres sociales que necesitamos de la constante presencia y contacto con el otro; razones todas estas por la cuales, cuando esto termine  –porque en algún momento tiene que terminar– tendremos que reformarnos para salir más buenos, más humildes, más comprensivos e inclusivos en el más amplio y humanista sentido de cada uno de estos términos.

   Releyendo en este tiempo de pandemia esta magna obra, comprendo mejor que los que en estos días atacan a esta Isla de islas: cubanos –no pocos– que hace mucho no saben a ciencia cierta cómo vivimos, porque no han estado al lado de ninguno de  nosotros: ni de su madre o padre, ni de su hermano o hermana, ni de sus parientes más cercanos o lejanos, para saber y aliviar sus dolores y carencias, son aquellos cuyas vidas responden a un perenne ejercicio de compra-venta de poder; y que como diría, parafraseando al gran poeta del barroco español: “se humillan al oro, porque él es su amante y su amado…” “y porque doblón o sencillo / hace todo cuanto quiero. / Poderoso caballero es don dinero…

   Y es que, tal y como lo expresa Dante en el Infierno: «…vuestra avaricia entristece al mundo, pisoteando a los buenos y ensalzando a los malos«; por eso, en el último círculo no hay fuego sino puro y crudo hielo, para acentuar la idea de que el corazón frío es el peor de todos, porque es el que se cierra a los otros, a la sociedad, y se impone mediante la extorción, el abuso, la violencia y el odio, consumado en el peor de los pecados: la traición. Hoy subrayamos, la traición a la tierra en la que descansan los huesos de los suyos, más próximos o más lejanos también. Y ya sabemos que el que no quiere a su tierra tampoco puede querer a su madre. Con lo cual, afirmo que desde una lectura como esta que venimos haciendo,  la Divina Comedia (y en particular el Infierno) no debieran faltar en la relación de obras que todo joven debiera leer y estudiar; y que al hacerla se permita salir con un mayor crecimiento y distingo moral, más bueno y generoso, más amante y respetuoso de la vida que late en cada ser, sea este igual o diferente a mí en color de la piel, en credo o idea, en lugar de nacimiento, de lengua y cultura.


[1] Escrito por el Dr. C. y profesor Titular Juan Ramón Montaño Calcines, para Literlingua.net

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