Cuarto recorrido de lectura

Cuarto trayecto o recorrido de lectura:

Aprendiendo a convivir con la vejez

Autor: Dr. C. y Profesor Titular Juan Ramón Montaño Calcines

   La selección de los textos literarios y  cancionísticos que hemos escogido para este nuevo trayecto de lecturas obedece a un problema que enfrenta el mundo actual y particularmente la sociedad cubana en que vivimos: el problema del envejecimiento poblacional y su repercusión en diferentes ámbitos de la vida: social, económico, educacional, convivencial, de salud…

   Repasemos de conjunto este problema.

   En el mundo las personas mayores de 60 años aumentaron en el siglo XX desde 400 millones en la década de los cincuenta hasta 700 millones en la de los años noventa del propio siglo. Se estima que para el año 2025 haya 1200 millones de ancianos;  concomitantemente se incrementará también el número del grupo de los “muy viejos”, o sea, de aquellos mayores de 80 años, quienes en los próximos 30 años constituirán el 30% de los adultos mayores en los países desarrollados y el 12% para los de menor desarrollo; por ejemplo, en Italia se estima que habrá más de un millón de personas sobre la edad de los 90 años para el 2024 y en China en el 2025, 330 millones de personas serán mayores de 65 años y 100 millones lo serán mayores de 80 años.

   En América Latina existe un incremento sostenido en la proporción y número absoluto de personas de 60 años y más. El proceso de envejecimiento continuará incrementándose de manera acelerada en los próximos años, sobre todo en el período 2010-2030, cuando el crecimiento del segmento de 60 años y más será de 2,3%.

   El envejecimiento en Cuba constituye el principal problema demográfico, con una cifra que alcanza el 18,3% de la población con 60 años y más. Se espera que para el 2025 este grupo alcance más del 25% de la población total, por lo que Cuba será uno de los países más envejecidos de América Latina.

   También se estima que en 2050 la población mundial con más de 60 años se duplicará y que el número de personas con 60 años y más aumente de 605 millones a 2000 millones en ese mismo período.

  Este proceso tiene una gran repercusión en todos los países a nivel mundial. La repercusión será tremenda en esferas como la de la salud pública, la economía, porque a mayor cantidad de ancianos, a mayor envejecimiento y menor tasa de nacimientos y de personas jóvenes, menor cantidad de fuerza de trabajo y menor producción de productos y bienes para la alimentación y el consumo de la población.

   Otra gran repercusión la tiene a nivel social, pues el impacto no siempre positivo se da en las personas que rodean y cuidan de los ancianos.

   Ante estas realidades es más que necesario, es urgente que desde la escuela se enseñe a convivir sana y equilibradamente con la vejez, para evitar el maltrato a este sector poblacional, para evitar la sobrecarga y el estrés en los cuidadores, para darles a todos una vida más plena y digna.

   Ante esta realidad, pudiéramos leer con nuestros estudiantes una selección de textos como los que les vamos a proponer.

   Comencemos, por ejemplo, con la lectura de un fragmento de la Carta a los ancianos, escrita en 1999 por el Papa Juan Pablo II y en la que se dice:

“¿Qué es la vejez? A veces se habla de ella como del otoño de la vida –como ya decía Cicerón– por analogía con las estaciones del año y la sucesión de los ciclos de la naturaleza. Basta con observar a lo largo del año los cambios del paisaje en la montaña y en la llanura, en los prados, los valles y los bosques, en los árboles y las plantas. Hay una gran semejanza entre los biorritmos del hombre y los ciclos de la naturaleza, de la cual él mismo forma parte. Al mismo tiempo, sin embargo, el hombre se distingue de cualquier otra realidad que lo rodea porque es persona (…), es un sujeto consciente y responsable. Aun así, también en su dimensión espiritual, el hombre experimenta la sucesión de fases diversas, igualmente fugaces. A san Efrén el Sirio le gustaba comparar la vida con los dedos de una mano, bien para demostrar que los dedos no son más largos que un palmo, bien para indicar que cada etapa de la vida, al igual que cada dedo, tiene una característica peculiar, y “los dedos representan los cinco peldaños sobre los que el hombre avanza”. Por tanto, así como la infancia y la juventud son el período en el cual el ser humano está en formación, vive proyectado hacia el futuro y, tomando conciencia de sus capacidades, hilvana proyectos para la edad adulta, también la vejez tiene sus ventajas porque –como observa san Jerónimo– “atenuando el ímpetu de las pasiones, se acrecienta la sabiduría, se da consejos más maduros”. En cierto sentido, es la época privilegiada de aquella sabiduría que generalmente es fruto de la experiencia, porque “el tiempo es un gran maestro”. Es bien conocida la oración del salmista: “Enséñanos a calcular nuestros años para que adquiramos un corazón sensato”.

   Comentar con nuestros estudiantes el contenido del fragmento anterior nos debe llevar a explicarles que en el pasado se tenía un gran respeto por los ancianos. Así lo refleja el poeta latino Ovidio cuando escribió: “En un tiempo, había una gran reverencia por la cabeza canosa”. Siglos antes, el poeta griego Focílides amonestaba: “Respeta el cabello blanco: ten con el anciano sabio la misma consideración que tienes con tu padre”.

   Y en la Biblia leemos esta otra máxima: “Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra (…) Ponte en pie ante las canas y honra el rostro del anciano…”

   Y es que honrar a los ancianos supone un triple deber hacia ellos: acogerlos, asistirlos y valorar sus cualidades. Porque tal y como decía Cicerón: “El peso de la edad es más leve para el que se siente respetado y amado por los jóvenes”.

   El comentario anterior nos pudiera llevar a presentar el texto de una canción titulada “Llegar a viejo” e interpretada por el catalán Joan Manuel Serrat, perteneciente al disco “Bienaventurados”. Escuchemos la canción y leamos después el texto en el que se dice:

Si se llevasen el miedo

y nos dejasen lo bailado

para enfrentar el presente.

Si se llegase entrenado

y con ánimos suficientes.

Después de darlo todo

–en justa correspondencia–

todo estuviese pagado

y el carné de jubilado

abriese todas las puertas.

Quizás llegar a viejo

sería más llevadero,

más confortable,

más duradero.

Si el ayer no se olvidase tan aprisa,

si tuviesen más cuidado en donde pisan.

Si se viesen entre amigos

que al menos de vez en cuando

pasasen una pelota.

Si el cansancio y la derrota

no supiesen tan amargos.

Si fuesen poniendo luces

en el camino, a medida

que el corazón se acobarda

y los ángeles de la guarda

diesen señales de vida.

Quizás llegar a viejo

sería más razonable,

más apacible,

más transitable.

Si la veteranía fuese un grado,

si no se llegase huérfano a ese trago.

Si tuviese más ventajas

y menos inconvenientes.

Si el alma se apasionase,

el cuerpo se alborotase

y las piernas respondiesen.

Y del pedazo de cielo

reservado para cuando

toca entregar el equipo,

repartiesen anticipos

a los más necesitados.

Quizás llegar a viejo

sería todo un progreso,

un buen remate,

un buen final con un beso.

En lugar de arrinconarlos en la historia,

convertidos en fantasmas con memoria.

Si no estuviese tan oscuro

a la vuelta de la esquina

o simplemente si todos

entendiésemos que todos

llevamos un viejo encima.

   A partir de esta selección primaria de textos, pudiéramos conversar con nuestros estudiantes actuales a partir de preguntas como las siguientes:

  • ¿Qué significa para nosotros envejecer?
  • ¿Por qué el autor de la canción termina diciendo que “todos llevamos un viejo encima”? ¿Somos totalmente consciente de esto?
  • ¿Qué implica llegar a viejo en nuestros días? ¿Cuáles son las consecuencias?
  • ¿Qué significado tiene la vejez para nuestra sociedad actual?
  • ¿Cómo es nuestra relación con las personas mayores (familiares, amigos, vecinos…)? ¿Qué aspectos positivos se generan de esas relaciones? ¿Y negativos?
  • ¿Cómo imaginas tu propia vejez? ¿Cómo te gustaría que fuera?
  • La lectura de estos textos, ¿despertó algo nuevo o diferente en ti, en tu modo de sentir, pensar y actuar respecto a la vejez y a los ancianos? ¿Por qué?

   Los textos anteriormente leídos y comentados servirán de puente para que también leamos y comentemos estos otros.

   Nuestro José Martí, el Apóstol de la independencia de Cuba, nuestro Héroe Nacional, dijo sobre la vejez:

«¡Qué encanto tienen los cabellos blancos! Parece que viene de alto lo que viene de ellos (…) ¡Qué hombres esos que han vivido ochenta años! Aun cuando hablen con voz trémula y anden con paso tardo, se les ve como a titanes (…) A fuego lento se les ha ido blanqueando, como la corteza al hierro en la fragua los cabellos». (José Martí. Obras Completas. Tomo 8. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Pp. 314-315).

   El comentario que se derive de la lectura del texto martiano servirá para leer otros textos como estos:

Viejos del parque, de René Valdés

Los viejos que en el parque

cuentan el tiempo,

acunan la paloma

de los recuerdos.

Yo quisiera abrazarlos

contra mi pecho

para que así supieran

cuánto los quiero.

¡Quién sabe qué ilusiones

llenan sus sueños!

¡Quién sabe qué tristezas

tuvo el sendero!

Los viejos que en el parque

cuentan el tiempo;

yo quisiera apretarlos

contra mi pecho.

   O también pudiéramos leer este otro:

Balada de las dos abuelas, de Marcia Jiménez

Mis dos abuelas son santas

a su manera.

Una blanca, la otra negra,

madres, abuelas.

La blanca viste de negro,

de negro entera.

La negra viste de blanco,

de blanco entera.

Son santas mis dos abuelas,

a su manera.

La blanca reza a la estampa

de un tal Jesús.

La negra a un par de muñecos

chichiricús.

Las dos rezan por lo mismo,

que es mi salud.

Mi abuela blanca,

mi negra abuela,

dos veces santas

a su manera.

   La lectura del texto anterior podría hacerse en diálogo y contrapunto con el de Nicolás Guillén titulado «Balada de los dos abuelos».

   Otro autor pinareño, Nelson Simón, ha escrito este otro poema dedicado a su abuela. Leámoslo con atención.

Abuela, de Nelson Simón

Abuela

es flor que vuela.

Lila, geranio, azucena…

su delantal un jardín.

Su pelo, blanca verbena.

Sus manos,

son cristalinas

como el agua que gotea

del manantial que atraviesa,

sonoro,

la muda piedra.

Nomeolvides en los ojos

y en el corazón,

gardenias.

Abuela

es flor que vuela.

Orquídeas, rosas, hortensias…

Y cundo habla perfuma.

Y cuando ríe, aletea.

Cuando me mira,

mis ojos

son charcos llenos de estrellas.

Al cantar hay mariposas

libando miel en su lengua

y un zunzún enamorado

del girasol de su oreja.

Abuela es flor que vuela.

Marpacífico moñudo…

gladiolo,

clavel,

adelfa…

   Este es un momento para presentar también un fragmento de Ofrenda lírica, escrito por Rabrindanath Tagores.

“Nuestra vejez en cambio ¡es tan ociosa! ¡Nos sobran tantas horas para contar los días que pasaron y acariciar en nuestro corazón lo que nuestras manos perdieron para siempre!”

   Y en Don Segundo Sombra hay una cosa muy linda, de alguien que relee su vida. El protagonista dice que: “de joven era un arroyo pedregoso que se llevaba por delante todo; que de adulto era un río que andaba adelante y que en la vejez se sentía en movimiento, pero lentamente remansado”.

  Podría ser también este un momento propicio para que el mapa siga ensanchando sus fronteras, en esta ocasión, con la audición y lectura de las canciones siguientes:

Años, de Pablo Milanés

El tiempo pasa,

nos vamos poniendo viejos

y el amor no lo reflejo, como ayer.

En cada conversación,

cada beso, cada abrazo,

se impone siempre un pedazo de razón.

Pasan los años,

y cómo cambia lo que yo siento;

lo que ayer era amor

se va volviendo otro sentimiento.

Porque años atrás

tomar tu mano, robarte un beso,

sin forzar un momento

formaban parte de una verdad.

El tiempo pasa,

nos vamos poniendo viejos

y el amor no lo reflejo, como ayer.

En cada conversación,

en cada beso, cada abrazo,

se impone siempre un pedazo de temor.

Vamos viviendo,

viendo las horas, que van muriendo,

las viejas discusiones se van perdiendo

entre las razones.

A todo dices que sí,

a nada digo que no,

para poder construir la terrible armonía,

que pone viejos, los corazones.

El tiempo pasa,

nos vamos poniendo viejos

y el amor no lo reflejo, como ayer.

En cada conversación,

cada beso, cada abrazo,

se impone siempre un pedazo de razón.

Amor, de Pablo Milanés

No te pido que te cuides

esa delgadez extrema,

solo pido que me mires

con esa mirada buena.

Tus ojos no son luceros

que alumbra la madrugada,

pero si me miran siento

que me tocas con tus manos.

Tus manos no son hermosas,

no veo estilo en tus dedos,

pero qué humano reposan

si se enroscan en tu pelo.

Tu pelo ya sin color,

sin ese brillo supremo,

cuida y resguarda con celo

lo que cubre con amor.

Tu cerebro porque piensas,

porque es tu clave y motor,

va generando la fuerza

que me hace humano y mejor.

Cuerpo, manos, ojos, pelo,

carne y hueso inanimados

que cobran vida,

y por eso,

quiero vivir a tu lado.

   Finalmente pudiéramos cerrar tan importante recorrido leyendo con nuestros estudiantes, desde muy diversas perspectiva, la novela El viejo y el mar, de Ernest Hemingway. Leerla desde el símbolo de la vejez pero también desde el de la lucha del hombre por hacer realidad sus sueños, desde el valor de la perseverancia y del de asumir una actitud proactiva, optimista y de lucha ante el desafío que el propio vivir significa. Hoy, ante el peligro que representa la aparición del nuevo coronavirus, leer esta obra desde el valor de los sueños, de la perseverancia y amor pudiera servir de antídoto ante el peso de la soledad, del aislamiento, del temor ante el peligro; y pudiera también ser leída en contrapunto con el video de la canción “Resistiré” que circula por las redes y que se ha levantado como símbolo de la resistencia humana en Madrid, España, ante una pandemia que ya le ha quitado la vida a miles y miles de seres humanos.

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