- BREVÍSIMA INTRODUCCIÓN
Crear una nueva hegemonía cultural que haga que nuestro Sur sea nuestro Norte me hace traer de vuelta este siglo XXI a nuestros grandes poetas nacionales: José María Heredia, José Martí, Agustín Acosta y Nicolás Guillén, porque mostraron ellos en sus obras cómo la poesía es identidad, cómo un poeta es capaz de enunciar elementos idiosincrásicos cubanos; así al redescubrirlos hoy hacemos un acto no solo de justicia poética sino un acto también de justicia ética e ideológica ante la guerra cultural que se nos hace y desde la cual se intenta minar y socavar el valor simbólico que esta Isla de islas representa para el mundo y particularmente para el mundo americano.
Se apuesta por una nueva colonización mucho más refinada desde la que se intenta cambiar el pensamiento y que encuentra en el silenciamiento y en la divulgación de falsas noticias unas eficaces herramientas desde las cuales se crean matrices de información y se generan y difunden estados de opinión, se juegan y manipulan emociones y se instaura como verdad la mentira.
- AL ENCUENTRO DE NUESTROS GRANDES POETAS NACIONALES
- JOSÉ MARÍA HEREDIA
Y ante realidades como estas vuelvo a creer yo, junto a nuestro Cintio Vitier, que la poesía es una tabla a la que podemos asirnos; un ethos que nos conduzca a la belleza y al discrimen moral más pleno, una vía que nos imante y emancipe. Y en ese camino nada mejor que volver nuestros ojos a los grandes poetas nacionales de este país nuestro. El primero de ellos, el cantor del Niágara y el cantor de la patria, el que nació al decir de martí donde en Cuba las palmas son más altas: el romántico sin par JOSÉ MARÍA HEREDIA, el que en su conocido «Himno del desterrado» expresó:
Cuba, Cuba, que vida me diste,
Dulce tierra de luz y hermosura,
¡Cuánto sueño de gloria y ventura
Tengo unido a tu suelo feliz!
¡Y te vuelvo a mirar…! ¡Cuán severo
Hoy me oprime el rigor de mi suerte!
La opresión me amenaza con muerte
En los campos do al mundo nací:
Mas ¿qué importa que truene el tirano?
Pobre, sí, pero libre me encuentro:
Sola el alma del alma es el centro:
¿Qué es el oro sin gloria ni paz?
Aunque errante y proscrito me miro
Y me oprime el destino severo,
Por el cetro del déspota ibero
No quisiera mi suerte trocar.
- JOSÉ MARTÍ
Y es imposible no tener en cuenta cuando de poetas nacionales se trata a nuestro Héroe Nacional, al Apóstol de Cuba, ese que al decir de Lezama Lima es “ese misterio que nos acompaña”; y quien con sabor romántico escribió poemas como este:
Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche.
¿O son una las dos? No bien retira
Su majestad el sol, con largos velos
Y un clavel en la mano, silenciosa
Cuba cual viuda triste me aparece.
¡Yo sé cuál es ese clavel sangriento
Que en la mano le tiembla! Está vacío
Mi pecho, destrozado está y vacío
En donde estaba el corazón. Ya es hora
De empezar a morir. La noche es buena
Para decir adiós. La luz estorba
Y la palabra humana. El universo
Habla mejor que el hombre.
Cual bandera
Que invita a batallar, la llama roja
De la vela flamea. Las ventanas
Abro, ya estrecho en mí. Muda, rompiendo
Las hojas del clavel, como una nube
Que enturbia el cielo, Cuba, viuda, pasa…
- BONIFACIO BYRNE
El que naciera en el año 1861 y creciera escuchando y admirando remembranzas épicas de la gesta del 68; el que hallara cobijo en muchos acontecimientos desde los cuales se buscaba la independencia de nuestra nación; el que no estuvo ajeno a la realidad cubana cuando Estados Unidos le arrebató la independencia a la Isla y le impuso la ignominiosa Enmienda Platt. Por todo eso fue llamado, conocido por muchos, como «el Poeta de la Guerra»; y por todo eso también y algo más, fue nombrado por el Senado de la República de Cuba en el año 1919 Poeta Nacional de Cuba.
En el año 1896 se vio obligado a emigrar a Tampa por razones políticas, pues el gobierno de la Isla lo perseguía relacionándolo con las actividades revolucionarias de su amigo Domingo Mujica, quien fuera fusilado. A raíz de este hecho se divulgaron los versos de un soneto en el que enaltecía la valentía con que la víctima enfrentó su muerte y que, sin estar firmado, el pueblo reconocía como venidos de la mano de Byrne.
En Filadelfia, en 1897, publica el poemario titulado Efigies en el que incluye sus sonetos patrióticos en los que exalta a figuras y hechos trascendentales de la gesta de independencia cubana y cuyas remuneraciones tendrían como fin incrementar los fondos destinados a la causa libertaria de Cuba.
Byrne, más humilde que los altos nombres de Heredia y Martí, dedicó buena parte de su poesía a exaltar valores de la cubanía; cantó a Cuba con gran emoción y se hizo célebre por su famoso poema «Mi bandera», escrito cuando regresaba a Cuba en 1899, apenas finalizada la guerra. Al acercarse a suelo patrio, Byrne pudo distinguir al lado de su enseña nacional la norteamericana, que indicaba la indeseada presencia de ese país en el suyo, y la inspiración, agitada por el doloroso cuadro que contemplaba, lo hizo componer ese poema que no puede leerse ni escucharse sin emoción y que todo cubano cabal siente como suyo. Nunca el pabellón tricolor ondean tan dignamente en unos versos. Nunca la palabra del poeta fue más altiva para erigir la soberanía de la patria que cuando expresara:
Mi bandera
Al volver de distante ribera,
con el alma enlutada, y sombría
afanoso busqué mi bandera
¡y otra he visto además de la mía!
¿Dónde está mi bandera cubana,
la bandera más bella que existe?
¡Desde el buque la vi esta mañana,
y no he visto una casa más triste!…
Con la fe de las almas austeras
hoy sostengo con honda energía
que no deben flotar dos banderas
donde basta con una: ¡la mía!
En los campos que hoy son un osario
vio a los bravos batiéndose juntos,
y ella ha sido el honroso sudario
de los pobres guerreros difuntos.
Orgullosa lució en la pelea,
sin pueril y romántico alarde:
¡al cubano que en ella no crea
se le debe azotar por cobarde!
En el fondo de obscuras prisiones
no escuchó ni la queja más leve,
y sus huellas en otras regiones
son letreros de luz en la nieve…
¿No la veis? Mi bandera es aquélla
que no ha sido jamás mercenaria,
y en la cual resplandece una estrella
con más luz, cuanto más solitaria.
Del destierro en el alma la traje
entre tantos recuerdos dispersos
y he sabido rendirle homenaje
al hacerla flotar en mis versos.
Aunque lánguida y triste tremola,
mi ambición es que el sol con su lumbre
la ilumine a ella sola —¡a ella sola! —
en el llano, en el mar y en la cumbre.
Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi bandera algún día…
¡nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía…
Fue un notable poeta civil, que se expresó con franco sentido y con un profundo sentimiento del amor patrio. Cantó a Cuba en varios de sus sonetos y su poema «A Cuba» es preámbulo de su citado y reconocido poema a la bandera: «Recibe mi doliente despedida / que si no vuelvo a la natal ribera […] el cielo me dará la bienvenida / si le llevo un girón de tu bandera».
Escribió sobre los emigrados, al paisaje patrio, al sacrificio de la guerra liberadora: «Tanta preciosa sangre derramada«, y ausente de la patria, clamó: «Me ilumina la Fe como un lucero… / Si ves ¡oh patria! que me tardo, sabe / que en ti pensando he de morir, si muero«. Y en su no menos vibrante poema «El Himno», podemos apreciar sin temor a equivocarnos el ideal cívico y patriótico que guía su vida:
Cubano, que sentado permaneces,
mientras resuena el Himno de la Patria…
-¿En dónde está tu corazón? ¡Responde!
¿Dónde tienes el alma?
Bonifacio Byrne no fue solo el poeta de «Mi bandera»; rozó con sus versos detalles de la vida cotidiana, cantó al hogar, aludió a la belleza y a la virtud, y fue un avanzado bardo de los trabajadores en el poema «El taller de maquinaria», desde el que dice:
«Ese sudor prestigia. Ese tizne ennoblece:
como el sol, el obrero, con ellos resplandece…».
- AGUSTÍN ACOSTA.
Nombrado Poeta Nacional por el Congreso de la República en 1955, reseñan los historiadores que nació en la ciudad de Matanzas, de padres canarios. Cursó la primera enseñanza, el bachillerato y desde muy joven comenzó a trabajar como telegrafista de los ferrocarriles. Fue jefe del servicio de telégrafos de Matanzas y de La Habana entre 1909 y 1920 y en 1912 ocupó una plaza en el Palacio Presidencial.
Durante la dictadura de Gerardo Machado sufrió prisión política y a la caída del régimen machadista fue nombrado Gobernador provisional de Matanzas, cargo que ocupó hasta 1934. En el Gobierno de Carlos Mendieta ocupó la Secretaría de la Presidencia. Presidió el Partido Unión Nacionalista entre 1936 y 1937. Fue electo senador de la República y sirvió como tal de 1936 a 1944.
Muchos de los poemas de Agustín Acosta se inspiran en su tierra. Es el sabor de lo cubano la característica común que podemos encontrar en muchos de ellos. Muestra de la raigal cubanía que late en sus versos es su poema “A la bandera cubana” al que pertenecen estos versos:
Gallarda, hermosa, triunfal,
tras de múltiples afrentas,
de la patria representas
¡el romántico ideal…![1]
Cuando agitas tu cendal
—sueño eterno de Martí—,
tal emoción siento en mí,
que indago al celeste velo
si en ti se prolonga el cielo
¡o el cielo surge de ti…!
Cintio Vitier, al dedicarle más de un capítulo en su inigualable estudio: Lo cubano en la poesía, afirma en 1970:
«El acierto de Acosta es doble de oportunidad y fragancia. Ese libro (se refiere a La Zafra) había que escribirlo del año 20 al 30. Todo él vibra de una emoción nacional que ya se había acumulado lo bastante como para merecer el testimonio poético… Quizás el mayor acierto intuitivo de Acosta es el haber sentido ese turbador aroma que impregnan los campos durante la molienda, la polarización sensual del drama de la isla…»
Considerado el segundo poeta nacional de Cuba, debido a su rica trayectoria literaria, y a que su obra es expresión de indiscutible cubanía, en La Zafra, publicado en el año 1926, encontraremos un abierto enfrentamiento al imperialismo yanqui, al que se le llama y reconoce como lo que en realidad es: un colonizador rapaz.
Loló de la Torriente en el año 1968 dijo que “es La Zafra, el canto antimperialista que conmovió los corazones”.[2]
Su poema “Las carretas en la noche” resume toda la amargura, el dolor y la protesta del pueblo cubano ante el fenómeno de la absorción de las tierras por el capital norteamericano, así podemos leerlos hoy y siempre, tal cual puede apreciarse en esos versos que dicen:
Mientras lentamente los bueyes caminan,
las viejas carretas rechinan… rechinan…
Lentas van formando largas teorías
por las guardarrayas y las serventías…
Vadean arroyos, cruzan las montañas
llevando el futuro de Cuba en las cañas…
Van hacia el coloso de hierro cercano:
van hacia el ingenio norteamericano…
Y como quejándose cuando a él se avecinan,
las viejas carretas rechinan… rechinan…
Espectral cortejo de incierta fortuna,
bajo el resplandor de caña de la luna…!
Dando tropezones, a obscuras, avanza
el fantasmagórico convoy de esperanza.
(…)
En bruscos vaivenes se agachan, se empinan…
las viejas carretas rechinan… rechinan…
Las ruedas enormes, pesadas, se atascan…
Los bueyes se lamen los morros y mascan…
Jura el carretero, maldice, blasfema,
y cada palabra es un anatema…
Detiénese el tardo cortejo a ayudar
a quien paso libre tiene que dejar.
Aquí de las piedras que calcen las ruedas,
los troncos robados a las arboledas…
El esfuerzo inútil y la imprecación…
La frase soez y la maldición…
Oh guajiro… y mientras a gritos maldices,
los bueyes se lamen las anchas narices…!
Al fin sobre firme terreno ha rodado
el carro de caña de azúcar cargado.
(…)
En bruscos vaivenes se agachan, se empinan…
las viejas carretas rechinan… rechinan…
El ingenio anuncia cambio de faena
con un prolongado toque de sirena.
Y a través de sombras fantásticas brilla
como gigantesca lámpara amarilla,
soplando cautivos vapores rugientes
hacia los irónicos astros esplendentes.
Por las guardarrayas y las serventías
forman las carretas largas teorías…
Vadean arroyos… cruzan las montañas
llevando la suerte de Cuba en las cañas…
Van hacia el coloso de hierro cercano:
van hacia el ingenio norteamericano,
y como quejándose cuando a él se avecinan,
cargadas, pesadas, repletas,
¡con cuántas cubanas razones rechinan
las viejas carretas…!
Por razones de familia abandonó la Isla con su esposa Consuelo Diaz Carrasco en diciembre de 1972 para estar junto a su hija Sara.
Agustín Acosta, el poeta nacional, murió en la ciudad de Miami, Florida el 12 de marzo de 1979 a la edad de 92 años. Al fallecer dejó para la posteridad sus poemas llenos de razones y pasión, como dueño absoluto de una obra literaria de auténtica cubanía.
Por todo lo expuesto hasta aquí, y por lo que hemos podido apreciar al leer algunos de los más encendidos versos de este poeta de cubanísimo sabor, estaremos de acuerdo con Jorge Ibarra cuando nos dice que: “Con «La zafra» se llegaba no solo al límite de la conciencia nacional de la intelectualidad, sino, también, al umbral de las posibilidades del modernismo.”[3]
- NICOLÁS GUILLÉN
Reconocido y nombrado como Poeta Nacional de Cuba en el año 1961 año en que se funda la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y en el que fue electo su Presidente, cargo que ocupó hasta su fallecimiento.
La actividad literaria de Nicolás Guillén se inició en el posmodernismo, aunque pronto su producción se inscribió dentro de la llamada línea realista de los múltiples vanguardismos cubanos, cultivando como ningún otro autor la llamada «poesía negra», tendencia surgida en torno a 1930 en las Antillas.
Desde su condición de mulato expresó con un peculiar sentido rítmico la temática del mestizaje, en un contexto social y político que manifestaba la dura opresión y servidumbre sufrida por el pueblo. En sus comienzos le caracterizó incluso una fonética afrocubana, que más tarde abandonó para desmarcarse de la tradición oral folclórica.
A esta primera época pertenecen Motivos de son (1930) y Sóngoro cosongo (1931). Poco después, con West Indies Limited (1934), se alejó del mero ejercicio rítmico para incorporar la protesta política y antiimperialista, orientándose hacia una cólera militante y comprometida con el hombre.
El poema más conocido de este libro, Balada de los dos abuelos, indicó la madura aceptación de lo africano y de lo español en una misma sangre: el abuelo blanco y el abuelo negro, que evocan además la crueldad del tráfico de esclavos. Poma de extraordinaria belleza en la que ..
Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.
Pie desnudo, torso pétreo
los de mi negro;
pupilas de vidrio antártico
las de mi blanco.
África de selvas húmedas
y de gordos gongos sordos…
—¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro).
Aguaprieta de caimanes,
verdes mañanas de cocos…
—¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco).
Oh velas de amargo viento,
galeón ardiendo en oro…
—¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro.)
¡Oh costas de cuello virgen
engañadas de abalorios…!
—¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco.)
¡Oh puro sol repujado,
preso en el aro del trópico;
oh luna redonda y limpia
sobre el sueño de los monos!
¡Qué de barcos, qué de barcos!
¡Qué de negros, qué de negros!
¡Qué largo fulgor de cañas!
¡Qué látigo el del negrero!
Piedra de llanto y de sangre,
venas y ojos entreabiertos,
y madrugadas vacías,
y atardeceres de ingenio,
y una gran voz, fuerte voz,
despedazando el silencio.
¡Qué de barcos, qué de barcos,
qué de negros!
Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
Don Federico me grita
y Taita Facundo calla;
los dos en la noche sueñan
y andan, andan.
Yo los junto.
—¡Federico!
¡Facundo! Los dos se abrazan.
Los dos suspiran. Los dos
las fuertes cabezas alzan:
los dos del mismo tamaño,
bajo las estrellas altas;
los dos del mismo tamaño,
ansia negra y ansia blanca,
los dos del mismo tamaño,
gritan, sueñan, lloran, cantan.
Sueñan, lloran. Cantan.
Lloran, cantan.
¡Cantan!
Su obra evoluciona en la dirección de las preocupaciones políticas y sociales con Cantos para soldados y sones para turistas (1937), donde todavía conservó formas propias del canto y de la danza afrocubana. Al mismo tiempo, sin embargo, se hicieron ya evidentes algunos de los rasgos estilísticos que predominaron en su lírica posterior, como las transgresiones sintácticas ya aparecidas en la poesía del fundador del futurismo, el italiano Filippo Tommaso Marinetti, y el uso frecuente de «jitanjáforas» (palabras sin sentido empleadas por su sonoridad o su poder evocador) que había caracterizado la obra del poeta vanguardista cubano Mariano Brull, así como la rima aguda, las reiteraciones o la enumeración.
En el mismo año de 1937 lanzó, en Poemas en cuatro angustias y una esperanza, una acusación contra la barbarie de la Guerra Civil española y el asesinato de Federico García Lorca. Después, aunque conservó siempre una particular claridad expresiva popular, el elemento rítmico fue decreciendo en beneficio de un tono más elevado y ambicioso desde El son entero (1947) hasta La paloma de vuelo popular (1958) y sus poesías en sazón revolucionaria de Antología mayor (1964), donde mostró su compromiso con la Revolución cubana y los desheredados del mundo.
Además, su poesía se hizo eco también de las inquietudes neorrománticas y metafísicas del momento, como la trascendencia del amor y la muerte, que ocuparon un espacio importante en su obra. Otras obras en esta dirección fueron Tengo (1964), donde manifestó su júbilo ante la Cuba revolucionaria, y Poemas de Amor, que apareció el mismo año.
Más tarde publicó títulos como El gran zoo (1967), La rueda dentada (1972), El diario de a diario (1972) y Por el mar de las Antillas anda un barco de papel (1977). Además, en Prosa de prisa (1975-1976) recogió una selección de sus trabajos periodísticos. Y aún dentro de su poesía cabe destacar el singular Poemas para niños y mayores de edad (1977), libro en que siguió demostrando su gran capacidad para conjugar preocupaciones diversas y encontrar formas de expresión constantemente renovadas.
Expresión decantada del ritmo característico del son y de su poesía es el poema “Guitarra”, en el que leemos:
Tendida en la madrugada,
la firme guitarra espera:
voz de profunda madera
desesperada.
Su clamorosa cintura,
en la que el pueblo suspira,
preñada de son, estira
la carne dura.
Arde la guitarra sola,
mientras la luna se acaba;
arde libre de su esclava
bata de cola.
Dejó al borracho en su coche,
dejó el cabaret sombrío,
donde se muere de frío,
noche tras noche,
y alzó la cabeza fina,
universal y cubana,
sin opio, ni mariguana,
ni cocaína.
¡Venga la guitarra vieja,
nueva otra vez al castigo
con que la espera el amigo,
que no la deja!
Alta siempre, no caída,
traiga su risa y su llanto,
clave las uñas de amianto
sobre la vida.
Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.
El son del querer maduro,
tu son entero;
el del abierto futuro,
tu son entero;
el del pie por sobre el muro,
tu son entero…
Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcohol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.
De su poesía empleada en innumerables programas de estudio una prueba de irrefutable calidad es esta que se titula Un son para niños antillanos:
Por el Mar de las Antillas
anda un barco de papel:
Anda y anda el barco barco,
sin timonel.
De La Habana a Portobelo,
de Jamaica a Trinidad,
anda y anda el barco barco
sin capitán.
Una negra va en la popa,
va en la proa un español:
Anda y anda el barco barco,
con ellos dos.
Pasan islas, islas, islas,
muchas islas, siempre más;
anda y anda el barco barco,
sin descansar.
Un cañón de chocolate
contra el barco disparó,
y un cañón de azúcar, azúcar,
le contestó.
¡Ay, mi barco marinero,
con su casco de papel!
¡Ay, mi barco negro y blanco
sin timonel!
Allá va la negra negra,
junto junto al español;
anda y anda el barco barco
con ellos dos.
De sus grandes elegías, exponentes también de su lírica comprometida, son estos versos de la elegía a Jesús Menéndez, el líder azucarero asesinado vilmente:
Yo bien conozco a un soldado,
compañero de Jesús,
que al pie de Jesús lloraba
y los ojos se secaba
con un pañolón azul.
Después este son cantaba:
Pasó una paloma herida,
volando cerca de mí;
roja le brillaba un ala,
que yo la vi.
Ay, mi amigo,
he andado siempre contigo:
tú ya sabes quién tiró,
Jesús, que no he sido yo.
En tu pulmón enterrado
alguien un plomo dejó,
pero no fue este soldado,
pero no fue este soldado,
Jesús,
¡por Jesús que no fui yo!
Pasó una paloma herida,
volando cerca de mí;
rojo le brillaba el pico,
que yo la vi.
Nunca quiera
contar si en mi cartuchera
todas las balas están:
nunca quiera, capitán.
Pues faltarán de seguro
(de seguro faltarán)
las balas que a un pecho puro,
las balas que a un pecho puro,
mi flor,
por odio a clavarse van.
Pasó una paloma herida,
volando cerca de mí;
rojo le brillaba el cuello,
que yo la vi.
¡Ay, qué triste
saber que el verdugo existe!
Pero es más triste saber
que mata para comer.
Pues que tendrá la comida
(todo puede suceder)
un gusto a sangre caída,
un gusto a sangre caída,
caramba,
y a lágrima de mujer.
Pasó una paloma herida,
volando cerca de mí;
rojo le brillaba el pecho,
que yo la vi.
Un sinsonte
perdido murió en el monte,
y vi una vez naufragar
un barco en medio del mar.
Por el sinsonte perdido
ay, otro vino a cantar
y en vez de aquel barco hundido,
y en vez de aquel barco hundido,
mi bien,
otro salió a navegar.
Pasó una paloma herida,
volando cerca de mí;
iba volando, volando,
volando, que yo la vi.
Y por último de su poesía cantada bien vale la pena recordar estos veros de su poema La muralla:
Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos:
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Ay,
una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte.
-¡Tun, tun!
-¿Quién es?
-Una rosa y un clavel…
-¡Abre la muralla!
-¡Tun, tun!
-¿Quién es?
-El sable del coronel…
-¡Cierra la muralla!
-¡Tun, tun!
-¿Quién es?
-La paloma y el laurel…
-¡Abre la muralla!
-¡Tun, tun!
-¿Quién es?
-El alacrán y el ciempiés…
-¡Cierra la muralla!
Al corazón del amigo,
abre la muralla;
al veneno y al puñal,
cierra la muralla;
al mirto y la yerbabuena,
abre la muralla;
al diente de la serpiente,
cierra la muralla;
al ruiseñor en la flor,
abre la muralla…
Alcemos una muralla
juntando todas las manos;
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien.
allá sobre el horizonte…
0.3. CONCLUSIONES
Hoy es la mejor hora para traer de vuelta a estos poetas nacionales, expresión todos ellos de lo mejor de nuestra cultura de emancipación, de resistencia, de grito supremo de identidad de la que necesitamos sentirnos muy orgullosos. Ellos nos demuestran con su palabra poética, bella y precisa, que hay cosas sagradas que defender como el alma de la Patria, como el orgullo de sentirse cubano, como el pertenecer a este pueblo noble y bueno y heroico que es razón de nuestra existencia porque en él está la Patria, la que al decir martiano “(…) es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas.”
Todos ellos: José María Heredia, José Martí, Bonifacio Byrne, Agustín Acosta y Nicolás Guillén conforman nuestros grandes gestos descolonizadores en la poesía cubana; todos ellos evidencian la radical necesidad de la poesía tal y cual la concibió nuestro Martí cuando a propósito de un discurso de Thomas Huxley, escribe en 1882: “La belleza alivia: un canto hermoso es una buena acción: quien da huéspedes al corazón le da compañeros para la amarga vida: un buen canto es un buen huésped. Y ¡cómo duran los versos! Duran más que los imperios en que se cantaron, y que las fortalezas que defendieron los imperios. Troya está en ruinas, no la Ilíada.” Porque como él mismo supo exclamar: “¡Oh, divino arte! ¡El arte, como la sal a los alimentos, preserva a las naciones!”, en un análisis que hace en 1880 nada menos que sobre “El arte en los Estados Unidos”, donde escribe también que “la fantasía vigila para que no se corrompan las naciones”, con una clara concepción de la función social de la cultura artística como modeladora de la cultura nacional y fuerza preservadora de las tradiciones que le dan confirmación identitaria a un pueblo.
[1] VITIER, Cintio; Lo cubano en la poesía, Inst. Cub. del Libro, La Habana, 1970, p. 350
[2] DE LA TORRIENTE, Loló: «Agustín Acosta. Coloquio del poeta y la poesía», en: Revista Bohemia», año 60, núm. 24, 24 de marzo de 1968
[3] IBARRA, JORGE (1981): “Nación y cultura nacional”, Editorial Letras Cubanas, La Habana.
En el año del centenario del Indio su poesía se vuelve más necesaria, actualiza nuestrra vivencia de lo poético, la décima adquiere estatura elevada. No podemos desprendernos de ella. Hay que contagiar a las nuevas generaciones. He ahí el proyecto de Yenma Boffill en Limonar, Casa y Reino de la DËCIMA, una propuesta desde la Cátedra de Lectura y eScritura de la Universidad de Matanzas con apoyo de las Tecnologías. Una investigación en el proyecto de Comunicación y Lectura: y desde la universidad para la innovación y el desarrollo sostenible.
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Buenos días, es 6 de julio y me prometí escribi en este blog de Juan Ramón, que es también de todos los profesores de Lengua yliteratura y los que crean en que es posible enseñar y aprender a «leer literariamente otra vez» y aq quién agradezco desde la Cátedra de Lectura y eScritura de la Universidad de Matanzas que hoy cumple 28 años.
Hoy Carilda cumple 100 años. Sí, en presente. Si vive en su poesía ycada uno de nosotros trasmite esa vivencia, es en presente.
La literatura se vive, se siente y después se piensa, he ahí una de las claves de la educación literaria.
Si queremos hacer de la literatura un acompañamiento, ha de ser vivencida, vivida y sentida. No todo en la escuela puede entrar por lo cognitivo.
LA TIERRA
Cuando vino mi abuela
trajo un poco de tierra española,
cuando se fue mi madre
llevó un poco de tierra cubana.
Yo no guardaré conmigo ningún poco de patria:
la quiero toda
sobre mi tumba.
Este poema que la autora titula «Poesía» se revela en toda su intensidad esa comunión , a laque ella aludió en unaentrevis en 1950 como»Lapoesía como destino»
Por poderosa sangre voy llamada
a un latido constante de temblores.
Me quedo en esta huida de las flores,
con ese fin de soledad tocada.
Y cerca de esto, que parece nada,
me transcurre una furia de esplendores
con ganas de vivir, como los dolores
del fondo de la vena a la mirada.
Trasiego audaz, mandato de la estrella
(cuando te llevo aquí casi soy bella):
ahógame en tu rabia salvadora,
recógeme de mí –que soy lo inerte
y tú eres lo que vive de la muerte-
en la pluma patética y sonora.
Hay mucha soniridad, mucho ritmo, mucha armonía, una maestria en el usodel verso,acomodado a sus experiencia y a lo que quiere significar, por eso es la poesía una vía para vivir, pensar y después sentir la literatura.
Hay en Carilda un vuelo mágico, un uso excelente del soneto, pero sobre todo un mundo espiritual que comunica, pero comunica en la ambiguedad propia de la literatura y que exige de las inferencias para comprender y está ahi el valor de la literatura como ACTO COMUNICATIVO. Trabajar los recursos expresivos es una manera de buscar las diferentes esencias y vías de este acto comunicativo, ue connota , que activa nuestra espiritualidad.
Por último, deseo compartir este Retrato o autoretrato
Carilda
Traigo el cabello rubio; de noche se me riza.
Beso la sed del agua, pinto el temblor del loto.
Guardo una cinta inútil y un abanico roto.
Encuentro ángeles sucios saliendo en la ceniza.
Cualquier música sube de pronto a mi garganta.
Soy casi una burguesa con un poco de suerte:
mirando para arriba el sol se me convierte
en una luz redonda y celestial que canta…
Uso la frente recta, color de leche pura,
y una esperanza grande, y un lápiz que me dura;
y tengo un novio triste, lejano como el mar.
En esta casa hay flores, y pájaros, y huevos,
y hasta una enciclopedia y dos vestidos nuevos;
y sin embargo, a veces… ¡qué ganas de llorar!
En este día, en cada aula se abrirá un verso y con él nacerán nuevas vivencias como un baño de luz, en eso deseamos que se convierta la literatura en la escuela.
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