Y para seguir buscando ese atractivo tan necesario para la innovación en el campo de la educación literaria, de la didáctica de la Literatura, sigo yo aferrado a la idea de la necesaria transformación de nuestros procederes frente a adolescentes y jóvenes del mundo actual, tan adictos a las pantallas y a la gratificación de sus resultados al enfrentarlas, y tan alejados, muchas veces, de la lectura tradicional del libro y sobre todo, del de literatura contentivo de poemas, cuentos, novelas y obras dramáticas. Así propongo ahora un nuevo acercamiento al personaje homónimo y a la novela a la que pertenece: Cecilia Valdés o La loma del Ángel de Cirilo Villaverde. Les tomo la mano para reiniciar, una vez más, ese recorrido de lectura y comentario provocativos y provocadores, incentivadores de conmociones y razonamientos que nos permitan, por medio de la lectura, el crecimiento no solo cognitivo sino también y sobre todo, ético y estético, moral y emocional para convertirnos en lo que somos.
Diversas lecturas. Diversas miradas. Diversas maneras de pensar y de leer, en particular de ese de la lectura del mundo del que nos habló Paulo Freyre; de una lectura emancipada y emancipadora, libertaria y liberadora; original y en no pocos casos transgresora. Y es que en mi opinión hay una estrechísima relación entre cultura, ideología y modos de leer y de pensar; relaciones que por su puesto se entremezclan en la urdimbre lectora que cada sujeto teje y desteje, construye y deconstruye, a la manera de Penélope, cuando enfrenta la lectura, la comprensión y la interpretación de un texto, sobre todo literario.
Y esto es así, creo firmemente yo, porque en cada cultura hay determinados modos de pensar que se abren camino y que tienden a ser dominantes en unos momentos u otros, los que al generalizarse se van imponiendo e influyen y modifican muchos de los modos de percibir, de recepcionar, de comprender, de pensar y de ser a fin de cuentas.
Hoy más que nunca es necesario reconocer la importancia que tiene la diversidad, de manera tal que al hacerlo estemos apostando por la tan importante y necesaria también unidad que subyace en la diversidad. Porque el mundo, a pesar de nosotros, de que lo queramos o no, es uno y diverso. Y necesitamos aprender que la diversidad es riqueza; y que la riqueza de la diversidad cultural y de la unidad que también ella supone o entraña, está con muchísima fuerza en todo proceso de fusión, de mestizaje, de hibridación; y a no dudarlo: mestizaje e hibridación son conceptos clave que están como el magma en lo más profundo de los volcanes en la obra que pretendemos, en estas páginas, estudiar y comentar.
Vuelvo pues, una y otra vez, sobre ese asunto de la innovación en los procesos de lectura y estudio de las obras literarias, añadiendo ahora que toda lectura es ideológica, puesto que entiendo por ideología -y en ello coincido con las concepciones del crítico español Constantino Bértolo[1]– «el sistema de ideas y creencias que dan sentido y son la base de las prácticas sociales en las que el sujeto se ve inmerso.» Así pues, sostenemos sin temor a equivocarnos que desde la ideología cada sujeto interpreta, evalúa y le otorga sentido al mundo en el que vive.
Desde estas perspectivas, entonces, podemos afirmar que toda lectura es ideológica en tanto implica por excelencia unos procesos de recepción, comprensión e interpretación que descansan en esa dinámica relación que se establece, en el propio acto de leer, entre el sistema de ideas y creencias del autor, subyacente en el texto, y el sistema de ideas y creencias subyacentes en el lector, y que mediados por las vivencias, experiencias y saberes prácticos y teóricos, individuales y colectivos, conforman el modo en que cada sujeto, cada comunidad y cada sociedad en particular lee.
Así pues, en y desde esas dinámicas y complejas relaciones se va tejiendo la urdimbre de lectura, la que siguiendo los criterios de Constantino Bértolo forma parte de una ecología de la lectura que descansa en un arduo proceso cognitivo-emocional, -decimos nosotros- de fuerte naturaleza dialógica, en el que intervienen cuatro estratos que son: textual o discursivo propiamente dicho; autobiográfico (acotamos nosotros, referido tanto al autor como al lector); metaliterario, cuando la naturaleza del texto es de esta índole: literaria, estética, artística; e ideológico.
De las disímiles relaciones que podemos establecer, como lectores, entre esos cuatro estratos, pueden salir lecturas como las que ahora compartiremos.
PRIMERO. Aquella que conociendo de manera profunda los estratos y contextos biográfico, textual o discursivo y metaliterario, nos llevan a plantear -o mejor a ratificar- que Cecilia Valdés o La loma del Ángel es la mejor novela del siglo XIX no solo cubano sino también hispanoamericano; y que se inserta ella -y con evidentes logros- en la mejor tradición narrativa occidental. Asimismo, podemos ratificar junto a lo dicho por uno de los mejores críticos vivos de la literatura hispanoamericana y caribeña, el cubano radicado en Estados Unidos, Roberto González Echevarría[2], que la importancia de esta novela no solo se debe a las notables dotes de su creador, Cirilo Villaverde, quien además dedicó gran parte de su tiempo como exiliado a perfeccionarla antes de su publicación en 1882, sino también por las peculiaridades del país en el que ella se origina, refleja y recrea: Cuba.
Y es así, sin duda alguna, porque Cuba fue un caso muy especial (creo yo ahora que hasta hoy todavía lo sigue siendo) en el panorama y contexto político, económico, social, ideológico y cultural del siglo XIX americano y caribeño. Ese carácter peculiar, es decir, no solo propio sino además muy especial, se lo dio a nuestro país, en gran medida, una serie de hechos que son necesarios recordar a cada paso y sobre todo mostrarlos a los estudiantes como parte de nuestros procesos de lectura reflexivas y críticas, en nuestras actuales aulas puesto que en ellas concurre una muchedumbre de adolescentes y jóvenes pendientes, con mucho, de las pantallas de sus computadoras, tabletas y celulares, desconocedores de una parte importante de determinados hechos y peculiaridades de los procesos que conforman nuestra historia. Por eso, es necesario subrayar en este comentario analítico que desde la conquista y colonización, particularmente cuando la Isla se establece como colonia de España, es que Cuba se constituye también en un nodo articulador entre el viejo y el nuevo mundo, en el centro clave, desde los puertos marítimos de La Habana y de Matanzas, del comercio global de ideas y de productos, pues fue a través de esos puertos que la Isla se convierte en centro de reunión de las flotas que comunicaban los dilatados y distantes territorios del imperio español a un lado y otro del Atlántico. Desde ahí nos viene esa condición de ajiaco, para decirlo a la manera de don Fernando Ortiz, en el que se cocinaban ideas provenientes de muy diversos lugares. De ahí también esa condición de apertura y ese carácter mestizo, híbrido, integrador, que siempre ha tenido el pensamiento propiamente cubano.
SEGUNDO. En este camino de análisis que venimos construyendo también es muy importante subrayar un hecho en extremo curioso e importante y es el referido a que el producto principal y esencialísimo de la economía cubana: el azúcar, fue el que vinculó a Cuba con lo más dinámico, avanzado y moderno del mercado internacional, en tanto, curiosa y contradictoriamente la riqueza que provenía de esa azúcar que fue su principal producto de intercambio, descansaba a su vez en un modo de producción esclavista que era no solamente totalmente inhumano, aborrecible y repudiable, sino también y sobre todo, arcaico y retrógrado.
TERCERO. La isla de Cuba vivía en un permanente estado de ebullición política consecuencia de su especial posición geográfica, que la hacía estar siempre abierta a los mares, dado que en medio del golfo, fue siempre un lugar receptor de múltiples influencias, núcleo de la llegada de diversas ideas provenientes de disímiles lugares del mundo; en tanto lugar lejano a la Metrópolis e de permanente condición insurgente; es decir: insurrecta, sediciosa; todo lo cual provocó que la tarea principal de la intelectualidad criolla cubana, de sus ideólogos, pensadores y políticos principales, fuera la de alcanzar, en primerísimo lugar, la independencia respecto a España, y con ello y a partir de ello entonces, definir lo que sería Cuba no solo con respecto a España sino también en relación con el resto de las naciones hispanoamericanas que nacían al concierto del mundo después de haber triunfado en ellas los movimientos de independencia y, finalmente y no menos importante, frente al cercano y voraz Estados Unidos, nación esta que comenzaba a erigirse desde entonces y también, como un peligro al que tarde o temprano habría que enfrentarse.
Y por este camino de avivar el interés, de cautivar el deseo de leer y de saber; por este camino que necesariamente para ser innovador debe ser irreductiblemente seductor, es muy importante que destaquemos estas otras ideas que a continuación expondré, y que con mucho, pudieran ser en extremo atractivas para la masa de adolescentes y jóvenes que hoy tenemos sentadas en nuestras aulas dispuestas a dejarse cautivar o, por el contrario, aborrecer para siempre nuestras clases y peroratas. Vayan pues las que considero clave entre el sistema de ideas básicas que venimos sosteniendo desde este blog que hemos titulado Literlingua.net para la innovación de la educación literaria de adolescentes y jóvenes. No las hago esperar más. Luego me dirán oportunamente o no si algún provecho han tenido al ponerlas en prácticas, al hacerlas suyas, al compartirlas con sus estudiantes. Aquí las tienen.
- Con esta novela se presenta por primera vez y de forma cabal la figura de la mulata bella y sensual, pero desdichada en amores. Llamada también por muchos “la virgencita de cobre”, la figura de Cecilia se podría identificar tangencialmente con la de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba. Así, tal y cual la Virgen aparecida en la bahía de Nipe, llega a ser el gran mito religioso cristiano de la Isla, tal ocurre con este personaje que poco a poco se adueña de los variados discursos del arte: los de la literatura y los del teatro musical y la plástica, para convertirse en el gran mito literario y artístico y también identitario, propio de la cubanía; y en no pocos rasgos de su personaje femenino, símbolo de los atributos del ser cubano: carácter risueño, jocoso, sensual, musical y rítmico. Recordemos algunos de los versos dichos por el personaje en la zarzuela: Yo canto y bailo a porfía… Mis amores son las flores / que mi jardín…/ y mi risa cristalina es un alegre tintín/ tin, tin, tin…
- Llama la atención siguiendo las trazas de lo religioso cristiano y de la mezcla y fusión que tiene con las tradiciones y creencias de origen africano aplatanadas en la Isla que una esclava se llame María de Regla y que sea ella quien dé de mamar, es decir, alimente y críe no solo a su hijo sino también a la propia Cecilia y a la hermana de Leonardo, hija por supuesto del ama: doña Rosa Sandoval. De esta manera, la negra esclava que da sus pechos para tarea de tal envergadura lleva simbólicamente por nombre el de dos vírgenes: el de María, la madre de Cristo, el Redentor, y el de Regla, virgen negra adorada en los predios que hoy constituyen los municipios habaneros de Regla y Guanabacoa. Ambas se erigen entonces como madres de los cubanos blancos, mulatos y negros que nacidos en estas tierras conforman ya algo diferente a lo venido de Europa y de España.
- Los puntos de contacto interdiscursivos, intertextuales que podemos encontrar entre Preciosa, el personaje de «La gitanilla» de Miguel de Cervantes, Cecilia y Cenicienta. Y es que hay muchas coincidencias del tipo de reescritura intertextual entre los primeros capítulos de la novela de Villaverde en los que se cuenta cómo transcurre la niñez de Cecilia Valdés con lo que se cuenta en La gitanilla de Cervantes y ambos como versiones o reescrituras del clásico y tradicional relato de la Cenicienta, lo que nos permite ver unas ciertas relaciones de continuidad y ruptura en la narrativa de esta historia que se teje alrededor del personaje femenino.
- Hoy que tanto hablamos de coleros, de revendedores, de ilegalidades en Cuba, resulta curioso el tratamiento que a este tópico de la ilegalidad se da en la novela de Cirilo Villaverde. Y no podía ser de otra manera puesto que el reflejo de este tema particular se debe en gran medida al conocimiento que de la realidad tiene el novelista que escribe la novela y proviene de la corrupción practicada por la propia administración colonial, representada por el gobierno del Capitán General Francisco Dionisio Vives, quien practicó abiertamente la corrupción y el desacato de sus propias leyes todo lo cual hizo de su gobierno un Estado no de derecho sino de arbitrariedad y engaño en el que prosperaron el vicio y la delincuencia.
Por otro lado, la propia esclavitud en la que descansaba toda la labor en los campos de corte de caña y en los centrales productores del azúcar, se da en un momento en el que ya a nivel de mundo se produce la supresión y persecución de la trata de esclavos por parte de Gran Bretaña y que fuera acatada por la corona española en acuerdos firmados por el rey Fernando VII y violados impunemente por criollos y peninsulares en la Isla, tal y cual se refleja en la novela. De esta forma, la esclavitud se erige también en el mayor delito que está subyacente en la base misma de la sociedad colonial cubana del momento.
- El tema del incesto en las relaciones sexuales entre los personajes, no solo el que se consuma entre los jóvenes protagonistas Cecilia y Leonardo sino en otros que son también sugeridos a lo largo de la trama argumental de la novela. Así, amor y derecho se entrelazan para dar lugar a unas prácticas de convivencia que transversalizan todas las capas sociales y que estarán presentes desde las más altas capas del gobierno hasta lo más bajo apegado a la vida de los esclavos.
Hemos continuado esbozando unas ideas que solo persiguen, como es nuestra delirante tesis, innovar el camino de la educación literaria de adolescentes y jóvenes desde las perspectivas de la formación de lectores sensibles, inteligentes y críticos y desde unas posiciones didácticas en las que las palabras de orden son seducir, enamorar, persuadir, desde un camino necesario y expedito que es el de despertar la curiosidad e incentivar el noble placer que entraña la construcción y posesión del conocimiento. Porque el conocimiento es la virtud siempre que se erija sobre un camino profundamente ético en el que lo bueno es bueno porque es bello y limpio, honrado y virtuoso, consecuencia del sudor resultante del trabajo que enriquece y ennoblece la vida de los seres humanos.
[1] Constantino Bértolo, en La cena de los notables. Sobre lectura y crítica. Editorial Periférica. Cáceres. España. 2008. Pp. 66-67
[2] Roberto González Echevarría, en Lecturas y relecturas. Estudios sobre literatura y cultura. Editorial Capiro. Santa Clara. 2013. Pp. 52.