LITERLINGUA DE LOS PORQUÉS 2

LITERLINGUA DE LOS PORQUÉS[1]

La verdad no mancha los labios de quien la dice, sino la conciencia de quien la oculta, de quien la tergiversa y la falsea.

¿POR QUÉ LEER EN PLENO SIGLO XXI LA OBRA LA METAMORFOSIS DE FRANZ KAFKA?

   A 109 años de su escritura y a 106 de su primera aparición, publicada en una revista, La Metamorfosis de Franz Kafka, sigue plenamente vigente y nos muestra muy disímiles caminos de interpretación.

   Inmersos en este vivir detenido al que nos obliga la pandemia de la Covid 19, he vuelto a leer esta obra maestra del insigne escritor y a preguntarme frente a mis alumnos de siempre: ¿Por qué es necesario seguir leyendo, hoy, en pleno siglo XXI, esta novela corta del escritor checoslovaco Franz Kafka? ¿Por qué y para qué leerla? ¿Qué nuevo tiene que decirnos?

   Y es que, quizás no siempre les he dicho a mis estudiantes que hay escritores que logran captar con una gran viveza y genialidad determinados momentos de la vida humana. Otros, en cambio, lo gran renovar las maneras de decir, de contar, de escribir mostrando una originalidad jamás vista anteriormente. Otros, alcanzan contar unas historias que conmueven a sus lectores al extremo de provocar en ellos un pathos emocional indescriptible. Y solo unos pocos logran todo esto a la vez. Esos son los genios, los inmortales, los que nunca pasan de moda porque están ahí para seguir diciéndonos cosas que nunca antes otros han visto o interpretado al enfrentar su lectura. Entre estos últimos está indiscutiblemente Franz Kafka: un escritor de estirpe judía, nacido en Praga y que vivió en lo que hoy es Checoslovaquia, territorio perteneciente al conglomerado astro-húngaro. Toda su obra ha quedado escrita en alemán, y su formación cultural, sus autores predilectos, lo han sido los de esta lengua, aunque no haya dejado de asomarse a otras voces, a otras plumas, como las francesas de Pascal y Flaubert, o las del ensayista y filósofo danés Kierkegaard.

   Tampoco les he hecho ver con total conciencia del hecho que durante la cruda persecución de judíos durante el nazismo, sus libros estuvieron prohibidos en Alemania. Ni que la imagen del Franz Kafka, hombre real de carne y hueso, no es la que en no pocas ocasiones inferimos de la lectura de sus obras y de la que desprendemos la imagen de un Kafka gris, hombre amargado y pesimista, lo cual podemos ratificar al investigar, curiosamente, en lo que de él han dicho sus biógrafos dado que estos suelen afirmar que Kafka no era tan gris ni amargado como podemos inferir de la lectura de sus obras.

   Ciertamente, todo parece indicar que era ingenuo, poco práctico y reservado; que tenía enormes dificultades para organizar su vida, especialmente las relaciones con las mujeres, aspecto este que le afectó en vida; sin embargo, no podemos afirmar que por ello fuera un hombre eternamente amargado, ni un aguafiestas ni un eterno desdichado. Antes bien, se cuenta que era ingenioso y aficionado a hacer juegos de palabras chispeantes que gustaba compartir de modo jovial con las personas con las que se relacionaba a diario.

   Quienes lo conocieron afirman que también era un buen compañero de juegos y que poseía una habilidad extraordinaria para proyectar en la pared sombras con las manos, hecho este que causaban el asombro de quienes las contemplaban.

   Asimismo afirman sus conocidos que Kafka daba mucha importancia al hecho de ir bien vestido, pero, dato curioso, defendía una elegancia que no llamase la atención. También otro aspecto que se suelen destacar de su personalidad los que le conocieron es que solía sonreír todo el tiempo, al extremo que cuentan que la enfermera que le cerró los ojos, afirmó que Kafka permaneció sonriente aun cuando ya se había ido.

   Finalmente, un dato curioso y que puede ser mal visto es el que se cree que Kafka era adicto al tema sexual, por la numerosa pornografía hallada en su habitación luego de su muerte y por sus incursiones frecuentes a burdeles o prostíbulos.

   Más allá de todos estos datos que pudieran servir para despertar la curiosidad de nuestros jóvenes lectores, cabe reiterar la pregunta: ¿Por qué es necesario leer  la Metamorfosis de Franz Kafka en este ya galopante siglo XXI? ¿Por qué y para qué leerla en medio de esta pandemia que nos consume poco a poco, que nos asfixia, que nos envuelve como si fuera una tela de araña de la que no podemos desprendernos? ¿Cómo, desde dónde y por qué leerla?, nos preguntamos una y otra vez.

   La respuesta no se hace esperar, porque la clave la podremos encontrar al reconocer que Franz Kafka logró crear un universo literario sui géneris, que como pocos mantienen hoy plena vigencia, puesto que son realmente un reducido número, los escritores que como él han logrado con tanto acierto y tino crear un mundo de espacios, ambientes y personajes tan peculiarmente simbólicos y fascinantes desde los cuales podemos sostener muy disímiles lecturas.

   Hoy, en medio de esta pandemia, Kafka con su Metamorfosis viene a recordarnos entre otras múltiples posibilidades interpretativas estas que considero ineludibles:

  • Tanto con la Metamorfosis  como con el resto de sus novelas vemos la impotencia de los seres humanos frente a un mundo externo adverso, asfixiante y aniquilador; un mundo absurdo que mata toda posibilidad de movimiento y creatividad tal y cual sucede con este tiempo detenido; este tiempo sin tiempo al que nos condena la pandemia del SarsCov2.
  • Igual que pasa con Gregorio Samsa al que le niegan la posibilidad de felicidad, la pandemia nos roba también esa misma posibilidad: la de ser felices y la de tener una muerte digna. Como pasa con el bicho en el que se convierte Gregorio, que muere solo, cientos de personas cierran hoy sus ojos sin ver de cerca a los seres queridos porque la Covid 19 les arrebata esa posibilidad.
  • Tal y cual es la vida para Gregorio: una absurda pesadilla, tal es para quienes se contagian con el SarsCov2 y la enfermedad que este virus genera: una pesadilla esperar por el resultado de las pruebas que le hacen para confirmar o no que se está contagiado; una pesadilla los días de total aislamiento y de dolores físicos y espirituales; una pesadilla ante el miedo de la posible muerte que te asecha; una pesadilla sentir que tus pulmones se niegan a funcionar, que el aire te falta, que la vida se escapa…
  • Y como le sucede a Gregorio es también horrible sentir la sensación de vivir prisionero por nuestras propias obligaciones y por las relaciones de poder que  te aplastan tanto en el trabajo como en el interior de las relaciones familiares; relaciones de poder que se tornan terriblemente desoladoras y aniquilantes.

  Y es que con una pandemia tan extendida -ya llevamos más de 16 meses conviviendo con ella- se borran las fronteras entre realidad y ficción; y la vida se nos torna un absurdo que nos cuesta comprender, que no podemos explicar del todo.

   Así, todos los que se han ido a causa de este virus sin rostro, que nos persigue y que puede contagiarnos en cualquier esquina de nuestra vida, en alguna medida son como Gregorio, que se inmola para que su familia pueda seguir viviendo una existencia normalizada. Así pues, cabría pensar que la muerte de tantos al dar la Tierra positivo ante el virus que la enferma, supone como pasa tras la muerte de Gregorio, el renacer de toda la familia, y en este caso nuestro, el renacer más temprano que tarde de la nueva normalidad en el planeta.

   Cuando eso suceda, al fin, debería nacerle un nuevo corazón a la humanidad toda: más humilde, más tolerante, más amante de la paz y la concordia, más respetuoso del medioambiente.

   Cuando todo pase, quizás tengamos que cantar como lo hizo nuestro poeta Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, a la muerte de su primer hijo, víctima también de un virus, cuando expresó:

“(…) ¡Ay, virus filtrable!

¿Cómo tan pequeño

Has deshecho un sueño tan claro y tan grande?

(…)        (…)        (…)        (…)       (…)

¡Ay, virus filtrable!

¡Si yo descubriera

tu cueva en el aire,

exterminaría tu maldita prole

que come sonrisas y entristece hogares![2]


[1] Escrito por el Dr. C. y Profesor Titular Juan Ramón Montaño Calcines para Literlingua: un desafío

[2] Jesús Orta Ruiz, Indio Naborí. Entre y perdone usted… Ediciones UNIÓN. Ciudad de La Habana. 1983.

Un comentario en “LITERLINGUA DE LOS PORQUÉS 2

  1. Juan : me parece muy bueno que se socialicen estas ideas, la educación literaria va no a lo que está estático, sino a loque podemos leer para nuestro tiempo, no la literatura de itrina sino la que alimenta el espíritu, lo dinámico, lo que amplía los horizontes. GRACIAS

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